Que el trabajo en remoto se ha instaurado definitivamente en nuestra rutina, es un hecho. Con la pandemia aún presente y sus idas y venidas, la flexibilidad del teletrabajo ha pasado de ser una necesidad a ser incuestionable. Puede que todos empezáramos a trompicones. De un día para otro nos enviaron a casa a trabajar, sin ningún periodo de transición o alguna política de empresa mejor desarrollada para ampararnos y responder a las dudas que pudiéramos tener.

Sin embargo, gracias a las nuevas tecnologías, el cambio a esta nueva modalidad de trabajo se nos hizo a todos un poco menos complicado: Una buena conexión wifi, un portátil y, ¡hasta la silla de la oficina que finalmente nos dejaron llevar a casa el tiempo que necesitábamos!

Además, también podemos optar a soluciones de telecomunicación cada vez más desarrolladas que nos ayudan a gestionar equipos en remoto, crear una centralita virtual potente capaz de conectar a todo tu equipo de forma que, sin estar todos físicamente en el mismo espacio, mantener a flote el departamento de atención al cliente, por ejemplo. La magia de la telefonía desmaterializada.

Ahora bien. Tanta tecnología y tanta preocupación por conseguir trabajar y gestionar procesos incluso desde casa, ha causado que descuidemos otra parte esencial para un buen trabajo en remoto: la comodidad física y mental del trabajador.

Y esto va más allá de la silla robada de la oficina.

1. Establece una rutina y mantenla


Si no hay horarios fijos, las líneas entre el trabajo y el tiempo personal pueden difuminarse y resultar estresantes. Es importante evitar trabajar pasada la hora de cierre y cumplir unos horarios establecidos.

Sigue unas pautas habituales de sueño y trabajo y, si puedes, ¡sé constante!

Levántate a la misma hora, desayuna y quítate el pijama. Intenta programar un "tiempo de viaje al trabajo" que equivalga al tiempo que sueles pasar en el transporte público hasta llegar a la oficina y dedícalo a hacer ejercicio, leer o escuchar música antes de conectarte.

Y… ¡lo más importante!, cuando tu jornada laboral se acabe, deja de trabajar. Desconéctate, deja de revisar el correo electrónico y céntrate en tu vida doméstica y personal. Y al final del día, intenta acostarte a tu hora habitual.

2. Crea un espacio de trabajo específico


Encuentra un espacio tranquilo, alejado de la gente y de distracciones como la televisión, la tablet y todas sus aplicaciones como Netflix, HBO o Candy Crush. Ah, y no te olvides de la zona roja por excelencia de tu casa: ALÉJATE DE LA NEVERA. Intenta evitar esos picoteos interminables que lo único que consiguen es que llegues a los 10.000 pasos de las veces que vas y vienes de la cocina.

Agrupa todo lo que necesitas en un solo sitio antes de empezar a trabajar: cargadores, bolígrafos, papel y cualquier otra cosa. Si tienes la suerte de tener una estancia para ti, cierra la puerta. Incluso, si tienes un espacio pequeño o compartido, intenta delimitar una zona para trabajar, aunque sea poniendo un carrito entre tu compañero y tú.

Por último… Ponte cómodo/a. Aunque sea tentador sentarse en el sofá, es mucho mejor hacerlo en un escritorio o una mesa. Si no dispones de mobiliario de oficina, como una silla regulable, intenta utilizar elementos como cojines para apoyarte en la silla, o una caja como reposapiés.

3. Date un respiro de vez en cuando


Dedicar tiempo a las pausas es importante para ayudar a controlar la sensación de estrés.

Haz pausas para comer y para descansar la vista, es importante para la salud ocular dejar de enfocarse tanto en la pantalla. Date tiempo para concentrarte en otra cosa, airea la mente y retoma el trabajo más motivado. Unos breves descansos de 5 a 10 minutos cada hora pueden ayudar a mejorar la productividad.

Otra idea es salir a pasear. Pasar tiempo de vez en cuando en un espacio verde es muy beneficioso para la salud mental. Fija una hora para salir a caminar, correr o montar en bicicleta. Toma aire fresco o sal a por un café.

4. Mantente conectado


Aunque trabajar desde casa tiene sus ventajas, uno también puede llegar a sentirse más aislado. Existen muchas formas de mantenerse conectado con las personas que nos importan y eso, a su vez, mejora el bienestar mental. ¡Somos seres que necesitamos relacionarnos! Saca tiempo para socializar virtualmente: programa una pausa para un café digital o una reunión online los viernes.

Dentro y fuera del trabajo, la interacción humana es importante. Programa videollamadas y coje el teléfono en lugar de enviar correos electrónicos. Si te cuesta trabajar en casa, habla con tus compañeros o con tu jefe sobre dichas preocupaciones. Puede que tus compañeros probablemente sientan lo mismo que tú. Pregúntales cómo les va y si hay formas de apoyarse mutuamente.

5. Establece límites


Establecer límites con los demás convivientes de tu casa es clave para la productividad y la tranquilidad mental mientras trabajas en remoto.

Lo bueno de teletrabajar o trabajar en remoto es la flexibilidad que eso aporta. Disfrútalo. Es algo bueno. Pero también tiene su lado negativo y hasta “peligroso”. Puede ser difícil si hay otras distracciones con las que lidiar, como los niños en casa, que pueden pensar que estás de vacaciones y quieren pasar más tiempo contigo.

Habla de tus necesidades, especialmente con la familia. Recuérdales que aún tienes trabajo que hacer y que necesitas tranquilidad para hacerlo. Puedes incluso compartir tu horario.

Del mismo modo, establece límites con el trabajo. Es más fácil estar conectado cuando tu casa es tu oficina, pero intenta desconectarte cuando la jornada laboral haya terminado, y disfruta del tiempo con la familia en casa.

Controla lo que puedes controlar… El resto, dejanoslo a nosotros.


Gracias a herramientas como Ringover, solo tienes que preocuparte de organizar el espacio y programar tu horario y calendario de la mejor manera posible.

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